El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas; Raúl Prebisch
América Latina a necesitado del capital extranjero, para suplir la deficiencia del ahorro nacional, en la mayor parte de ellos se reconoce que el concurso de ese capital es indispensable.
La productividad es en estos
países muy baja, porque falta capital; y falta capital por ser muy estrecho el
margen de ahorro, a causa de esa baja productividad.
Es el aumento de la
productividad lo que ha permitido a Estados Unidos y en menor grado a otros
países industriales disminuir la jornada de trabajo, aumentar los ingresos
reales de las masas y su nivel de vida, y acrecentar, en grado considerable,
los gastos públicos. Todo esto, sin perjuicio de una ingente acumulación de
capital.
La presión considerable de
aquellas necesidades privadas y colectivas sobre una cantidad relativamente
escasa de recursos, suele traer consigo fenómenos inflacionarios.
Las informaciones
fragmentarias disponibles sugieren más de una duda, acerca de si esas reservas
han sabido emplearse, teniendo estrictamente en cuenta lo que requiere el
desarrollo económico de América Latina. A fin de poder esclarecer las dudas
referidas, sería interesante averiguar en qué medida las mencionadas reservas
se han destinado preferentemente a la importación de los bienes de capital más
necesarios, en cuál otra medida se han gastado en artículos no esenciales o que
sólo responden a las formas de existencia de los grupos de alto ingreso, y
hasta qué punto han servido para cubrir la salida de capitales, provocada por
el desarrollo de la inflación.
En el supuesto que, en determinadas
circunstancias, se considerara cierta expansión inflacionaria como el mejor
expediente práctico, dada la escasez de ahorro, existirían medios de
encaminarse al mejor cumplimiento de ese propósito, atenuando al propio tiempo
las serias consecuencias de la inflación. El estado tiene en su poder resortes
que le permiten estimular la inversión de gran parte de los beneficios e
ingresos inflacionarios, mediante el gravamen progresivo de lo que se gasta y
consume, en tanto que se desgrava o exime lo que se invierte, y desviando
además, por el control de cambios o el impuesto, lo que tiende a emplearse en
importaciones incompatibles con un fuerte ritmo de crecimiento económico.
Hay grupos que se han
beneficiado considerablemente con la inflación, hay otros que tienen que
haberse perjudicado. La clase media y los grupos de ingresos fijos han sido,
por lo general, los que han pagado una parte muy grande de la transferencia de
ingresos reales a los empresarios y demás favorecidos. Los gremios mejor
organizados de la clase obrera han logrado, casi siempre con retraso, alcanzar,
con el aumento de salarios, el alza de precios y a veces superarla.
La primera fase parece haber
terminado en América Latina. Y mientras la segunda se va desarrollando, manifiéstense
agudos antagonismos sociales, que conspiran contra la eficacia del sistema
económico en que vivimos.
El Estado no tarda en
compartir, mediante el impuesto, una parte apreciable de las ganancias
inflacionarias del empresario. Como quiera que fuere, la dilatación de los
gastos fiscales, consecuencia de aquella participación, planteará un problema
no menos serio que los otros, cuando desaparezcan los beneficios inflacionarios
y se imponga la necesidad de correlacionar adecuadamente los sueldos y salarios
que paga el estado con el costo de la vida, con riesgo evidente de que se eleve
de nuevo la proporción del conjunto de gastos fiscales en el ingreso total, en
perjuicio de la formación de capital.
Mientras tanto, la apelación
al ahorro extranjero parece inevitable, según ya se dijo. Desgraciadamente, el
problema que ha dejado la experiencia desastrosa de los treinta en esta materia
dista mucho de haberse despejado.
Mientras no se resuelva el
problema fundamental del comercio exterior, será preciso cuidar que las
inversiones de capitales en dólares, si no es posible aplicarlas al desarrollo
de las exportaciones en igual moneda, se apliquen a reducir, directa o
indirectamente, las importaciones en dicha moneda, a fin de facilitar el pago
futuro de los servicios correspondientes.
Es obvio que el crecimiento
económico de la América Latina depende del incremento del ingreso medio por
habitante, que es muy bajo en la mayor parte de estos países, y del aumento de
la población.
El incremento del ingreso
medio por habitante sólo podrá conseguirse de dos modos. Primero, por el
aumento de la productividad, y segundo, dada una determinada productividad, por
el aumento del ingreso por hombre, en la producción primaria, con respecto a
los ingresos de los países industriales que importan parte de esa producción.
El ciclo es la forma de crecer
de la economía en el régimen en que vivimos; y si bien se trata de un fenómeno
general que ha de explicarse con una sola teoría de conjunto, manifiéstase de
una manera diferente en los centros cíclicos y en la periferia.
En los centros, la política
inspirada en este objetivo trata de actuar sobre el volumen de las inversiones,
a las cuales se atribuye el papel dinámico en el movimiento ondulatorio. No
sucede así en la periferia. Aquí ese papel corresponde a las exportaciones. Lo
cual no es de extrañar, pues las alternativas de las exportaciones reflejan las
del ingreso de los centros que, como se sabe, varían en estrecha
interdependencia con aquellas inversiones. No está, ciertamente al alcance de
la periferia influir sobre sus exportaciones de la misma manera en que los
centros se proponen regular sus inversiones.
En esto, como en muchos otros
casos, nos encontramos con un conocimiento precario de la estructura económica
de nuestros países, su forma cíclica de crecer y sus posibilidades. Si se logra
realizar su investigación con imparcialidad científica y estimular la formación
de economistas capaces de ir captando las nuevas manifestaciones de la realidad,
previendo sus problemas y colaborando en la busca de soluciones, se habrá hecho
un servicio de incalculable importancia para el desarrollo económico de la
América Latina.
Mi aportación: América
Latina siempre está sujeta al crecimiento y con frecuencias los países que existen
ahí han terminado en crisis y prolongados periodos de estancamiento, lo que a
provocada que su desarrollo se vea afectado, y por lo consiguiente la población
es la que sale afectada con grandes devaluaciones. En todo esto el Estado
(Gobierno) es gran parte del problema, ya que en muchos de estos países existe corrupción
en todos los órdenes de gobiernos, que no tiene políticas publicas adecuadas para
el desarrollo de sus naciones.
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